Desafío creativo – Día 1

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¿Qué es?

Hoy se me ocurrió un desafío creativo: comenzar un diario online y escribir de corrido durante 30 días, aprovechando que hoy comienza un mes diferente. Y lo hago porque es divertido, y porque estos procesos de escritura, o foto, o pintura, o danza, o todas esas cosas que nos gustan y son creativas que reiteramos en el tiempo nos permiten encontrar cosas que nos gustan de nosotros, o que no nos gustan tanto, o ver cómo fuimos cambiando, o encontramos palabras para cosas cotidianas. ¡O se nos acaban las palabras! ¿Por qué no?

Además es un experimento, porque soy lo más inconstante del universo, y porque he hecho ejercicios de este tipo, pero en papel, nunca en “virtual”. Así que éste es mi desafío divertido para contarles qué es Indonesia desde la óptica cotidiana, en que no nos movemos mucho, pero nos movemos demasiado. Y si se les ocurre otra palabra que no sea “desafío” bienvenida sea. ¡Moriría de amor si hay otros blogueros que tienen ganas de sumarse y somos muchos escribiendo nuestro mes de mayo, cada día! Si alguno tiene ganas de acompañarme escribiendo, que me deje su blog en los comentarios así puedo ir leyendo lo que escribe 

Las reglas del desafío (que no son reglas):

  1. Escribir una entrada al blog durante 30 días seguidos
  2. Escribir mucho (bueno… mucho… esto lo digo hoy que estoy super inspirada jajaja)
  3. Escribir sin juicios
  4. ¿Escribir qué? ¡Lo que sea! Viajes, sensaciones, recetas, ideas varias, notas al margen, notas en la oscuridad
  5. Subir una foto diferente por cada día (esto es secundario)
  6. Encontrar una canción para cada día (también es secundario, pero me gusta. ¿Me ayudan?)

Y después de mi explicacioncita, empiezo. ¿Viajan conmigo?

Día 1 – Día del trabajador

“Este vértigo tan mío, ese impulso que me hace caminar”

Hace mucho tiempo leí un libro para despertar la creatividad, o más bien para conocerla, o para probarla. Como quien agarra un libro de recetas cuando lo importante no es comer, sino probar, saber qué cosas aparecen en el camino. En este libro había muchos ejercicios super locos y hubo uno que me gustó mucho: durante tres meses seguidos, yo, la mujer inconstante escribí 3 páginas cada mañana. Antes de hacer nada, pero nada, escribía mis tres páginas. Y las páginas no eran para ser leídas, eran para escribir, era para perder el miedo de decir cosas, aunque no tuvieran ni dos gramos de sentido. ¡Lo hice! ¡Hice mis páginas de la mañana! Unos meses después me mudé con Rami, y un año después me fui de viaje, y quemé las páginas de la mañana sin haberlas leído. ¿Qué cosas habré escrito durante tres meses seguidos? Me acuerdo que había cosas que se repetían día tras día. Pero también aparecían ideas nuevas, encontraba nuevas formas de escribir, y la verdad es que me parecía un espacio tan pero tan personal que me encantaba. Eran “mis” páginas, y que nadie me moleste mientras escribo. Muchas gracias.

Este “ejercicio” divertido tuvo frutos: comencé a escribir poesía a mares. Es como que de tanto escribir, esa parte que crea palabras se había relajado, y ahora podía escribir cosas simples, pero muy mías. Incluso las ponencias que presentaba en la facu eran siempre muy personales.

En ese momento trabajaba en una empresa de Marketing, y todos los días tenía que escribir artículos nuevos sobre tonterías. Comencé a preguntarme acerca de “la era de la información”, y de qué carajo servía escribir todos los días cosas que no le interesaban a nadie (o al menos así lo mostraban las estadísticas jajaja). Durante mis horas de trabajo tenía abierto un archivo de word, y allí escribía cosas mías. Era como un poco de aire entre tanto Seo y artículos vacíos. Y así fui escribiendo un libro (que tengo por ahí guardado) pero lo cierto es que me di cuenta de que estaba “escribiendo entre”: no tenía tiempo de escribir poesía cuando era lo único que tenía ganas de hacer, así que lo hacía cuando encontraba momentos entre las horas del trabajo y la facu.

Ese año escribí muchísimo. Y un día, mirando Córdoba desde arriba (esto no es metafórico, la oficina de mi trabajo quedaba en un piso 10), decidí que hasta ahí llegaba mi época de regalar mi tiempo a otros. Así que a las dos semanas, en un rapto de locura, renuncié. Porque quería disfrutar el sol de la mañana en mi casa, poner música, estudiar tranquila, y escribir. Curiosamente, cuando renuncié, dejé de escribir (lo admito: soy una gataflora). Evidentemente esa poesía había nacido para ser poesía “entre”. Y todavía no había llegado el momento de poder escribir por escribir, y no como escape a situaciones estresantes. Escribir porque escribir es lindo, y nada más.

Todavía me acuerdo del día en que hablé con mi amiga Carla por teléfono y le dije: voy a renunciar, porque yo quiero escribir, esa es mi vida, no estar en esta oficina tonteando todo el día y aburriéndome. Un año después, salí de viaje, y no escribí nada por meses. Tenía un diario, pero la verdad es que lo quemé en Italia porque era un diario depre (¿las cosas lindas no se escriben?). Y me quedé sin diario, pero apareció el blog.

Y toda esta reflexión creo que tenía que ver con el día del trabajador. Porque cuando renuncié a mi trabajo en la empresa de marketing, lo que tenía en la cabeza, o en el cuerpo, o donde sea, era una sensación de que yo podía dedicarme a escribir, y fue una sensación muy clara de que yo quería que mi trabajo fuera ése. ¿Cuál? Ahora no lo sé. ¿Trabajar de poeta? ¿Escribir un libro? Después descubrí que todavía no sé cómo unir trabajo a cosas que me gustan. A veces prefiero borrar esa palabra del diccionario. Ya comencé  35 libros, y no terminé ninguno. In-cons-tan-cia. He estado en lugares increíbles para sentarme a escribir, pero a los dos días de comenzar mis nuevos libros, encontraba mejores cosas para hacer (como juntar almendras, mirar hormigas, limpiar el patio, buscar trabajo en internet, pensar a dónde me gustaría comprarme una casa con la venta del libro que jamás escribí).

Hoy es el día del trabajador, ¿o del trabajo? No lo sé. Y me pregunto: ¿es digno trabajar? ¿Trabajar nos hace seres humanos? ¿por qué tenemos que trabajar? No es que me moleste trabajar, todo lo contrario, trabajo, y mucho, pero a veces siento que no somos capaces de estar un segundo sin hacer nada. Y hacer nada también es una buena forma de encontrar cosas.

Esta soy yoAcá en Pulau Weh, los jóvenes juegan en algunas mesitas que hay frente a la playa. Siempre que paso me saludan. Todo el mundo está muy relajado. De 4 albañiles trabaja uno. El resto mira. Si pedís unos noodles, esperá tranquilo una hora. Acá hay como otro tiempo, un tiempo de panchurrez que es bastante bonito pero al cual no me acostumbro: la panchurrez está en la orilla, pero mi cerebro está a mil evaluando opciones, creando empresas, inventando teorías sobre la felicidad. Voy a tener que meterme más en esta cultura para absorber esa capacidad de hacer nada sin que eso sea un problema jajajaja ¡En serio! ¡Es que hay veces que estoy al pepe y adentro mío pienso que soy una vaga! (alguna vez les voy a contar lo que averigüé al respecto de este término llamado “vagancia”… tiene un significado muy loco). ¿Y quién dijo que me tenía que ganar la vida para estar viva? Quizás no haya que luchar por nada, qué se yo.

(No voy a leer lo que escribí hasta que termine, no voy a leer lo que escribí hasta que termine, no voy a leer lo que escribí hasta que termine).

Tomándome un jugo de papaya. A Rami no le gusta así que es todito para mí. Y está fresco. Y tuve dos sueños con barcos. En el primero la novia de un amigo se tomaba un barco equivocado a Australia. Sólo recuerdo eso. En el segundo sueño estaba en la playita (Lago Puelo) y de repente venía como una cáscara de nuez gigante que tenía como un árbol plateado creciendo (imposible explicarlo sin dibujito). Y adentro había dos personas durmiendo. Yo les decía “hooola….” Y los despertaba. Era una parejita que venía viajando desde Nueva York. Me contaban que se habían quedado dormidos porque creían que ya no iban a llegar a tierra nunca más. Después entre todos los ayudábamos a construir un nuevo barco, y arreglábamos para ir juntos a Nueva Zelanda. Me desperté con una sensación muy loca de querer subirme a un barco, ya.

¡Lee mi libro de viajes!