Día 12 – Domingo

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¿Construir un museo de olivos? sería posible.

Escribí 700 palabras y nada. Las quemé, las tiré por el balcón, las dejé en el mar. ¿Qué me pasa hoy? No es que no tenga ganas de escribir, todo lo contrario. Pero, es algo, como la electricidad en Iboih: viene y se va, viene y se va. No encuentro las frases justas, la temperatura, la presión en el teclado. Hoy nada es tan preciso como me gustaría.

Tengo los ojos cansados, es domingo y podría decir que hoy estoy domingo yo, hoy soy esa palabra. Tengo ganas de algo, de algo lejano. Tengo ganas de café en algo así como Roma, de mirar veredas, de musiquita en francés y escritura en papelitos insomnes. También de cartas tiradas, de acertar los números, de las campanas y los significados. De mirar gatos naranjas, o recoger globos, o algo, pero algo que es parecido a una ciudad. Los días grises son especiales para dos cosas: estar en casa o, todo lo contrario, vivir una ciudad. Para mí los días grises no existen en las islas. Las islas siempre son soleadas y celestes.

Voy a introducir pequeños cambios y observaré los resultados:

Me voy a la cocina / Lavo los platos / Subo el volumen de la música / Abro las ventanas todo lo que puedo / Ordeno las zapatillas / Acaricio al gato / Canto / Despido a la nostalgia de una España lejos / Saco una foto / Desordeno el sillón / Encuentro canciones de Elphomega, qué bonitas, me gustan casi todas. Y pensar que las escuchaba sacando fotos en Valencia / Ya está. Estoy en movimiento una vez más.

“Buenos días, por qué no abrirse al mundo y mirar”.

Justamente de esto se trata mi desafío, lo acabo de descubrir: de encontrar. ¡De encontrar! En un día gris podemos encontrar tonalidades, subidas, o bajadas abruptas, o mesetas. Podemos encontrar el sabor del viento (siempre es diferente) o descubrir que un árbol se puso color de otoño, acá, en medio de la selva. O encontrar frutas casi rojas. O comerse un coco ácido. O dar besos. O tirar bolitas en la vereda. O ser una canción. ¿Por qué no? ¿Por qué siempre tenemos que estar “conectados” para crear cuando somos por naturaleza creadores? Yo puedo, yo lo estoy logrando. Hoy no tenía ni una palabra entre los dientes y ahora me abro, me abro más y más y voy descubriendo caminitos, salidas posibles.

Ayer por la noche tuve sensaciones raras, no de miedo, pero estuve muy cerca del abismo. Me dormí casi abrazada a Rami, cerré los ojos y de pronto sentí como si hubiera estado en la cocina, y cerraba los ojos, y me perdía. Entonces era un sueño en el que cerraba los ojos, y qué loco, porque al mismo instante sí estaba cerrando los ojos. Después tenía la sensación de gritar “Rami, Rami”, movía todo, sentía como aletas, como manos adentro, pero mi cuerpo nada, no recibía mis señales. No encontraba mis brazos, ni mis piernas ni mis pulmones. Me desperté (de tanto revolotear), abracé fuerte a Rami, volví a cerrar los ojos y sentí un zumbido ácido y grande, ahí, abriendo algo, llenándome de alas, pero yo, pero yo. No sé, tengo un temor a esos estados, porque: ¿a dónde me estoy yendo? Bueno, cerré los ojos y de nuevo, casi dormida supe que Rami estaba al lado mío y yo estaba abrazada, supe de la lluvia y ese viento nocturno pero yo, yo me estaba despidiendo de mi cuerpo. De nuevo comenzaba a gritar, pero no gritaba. Y exploré las sensaciones de estar desconectada de mi cuerpo pero seguir siendo yo misma: yo, pero sin cuerpo. Desperté de nuevo, cogí el zumbido por las manos, lo lancé por el balcón (como las palabras de hoy) y me dormí.

Cuando me desperté hoy le conté a Rami lo extraño de la noche de ayer y me dijo que casualmente él se fue a dormir pensando en eso, en que era una noche rara, poderosa, centrada.

He sentido otras veces estas sensaciones: a los 16, cuando dormía bajo una ventana con estrellas, sentí que me arrancaban el alma y se iba por la ventana, y yo gritaba “mami, mamiiiiii” pero nadie jamás se despertó, así que asumo que no grité. Sin embargo, ese grito fundido y hundido, ese grito interno pero tan silencioso, me despertó a mí misma. Ahora me doy cuenta de que nadie me estaba robando el alma, o quizás sí, o quizás las estrellas.

Mujer en SabangY en Liza Nad Labem, ese pequeño pueblito de República Checa con palacio y juego de preguntas, allí también lo sentí. Pero esta vez no fui la única. Después de esa extraña siesta (en que le decía a Rami, con ese grito ahogado que se pierde en mis entrañas que me iba a morir pronto, pero que él no se preocupara, que yo estaba bárbara, dios, qué loca estoy) desperté y Tulia había sentido lo mismo, pero ella no había gritado, ella había disfrutado. Y después Katherina, Katherina también: “me desperté de la siesta sintiendo que estaba fuera de mi cuerpo”. Sin duda fue una casa especial.

El primer día que llegamos los tres, Rami, Tulia y yo nos sentíamos ¿cómo? no sé, no sé cómo, especiales supongo, o diferentes al menos. Tuve la clara percepción de que había arribado a una vida pasada, porque ésa fue la sensación, la de estar metida en un bucle de tiempo que une espacios, y cosas, y sentidos. De repente estamos los tres recostados: Tulia y yo lloramos, de una emoción que fue hasta el centro de cada uno de nuestros huesos y nos movilizó. No es tristeza, es otro tipo de llanto, es el llanto de cuando una atravesó una barrera, un límite, una concepción de una misma. Después tocaron la puerta de la habitación, limpiamos los ojos llorados, los simulamos azules y marrones (jamás colorados) y el hijito de Katherina nos regala un trozo de chocolate a cada uno. Ese día llovía y llovimos, y descubrimos un pedacito del gran rompecabezas. Quizás por eso fue difícil partir, echarse a andar una vez más fue romper otra barrera.

Me hubiera gustado que me contaran cuentos del espíritu, de los hilos, de las palabras que provocan ecos en mundos lejanos, de los viajes sin piernas y sin brazos y sin cabeza, de las otras vidas, del cielo que no es cielo, de la muerte: de esa línea infinitiva (lapsus: infinita). Pero me ha tocado descubrir yo solita: creo que mi principal viaje fue darme cuenta de que todas esas cosas existían, y además (ay, me cuesta hasta decirlo) que la vida es tan pero tan misteriosa, que casi no tiene sentido. Y quizás esa es la principal razón para estar bien vivos.

PD: hoy me gustaron las palabras tineo y huala. Las había olvidado, pero son parte de mi historia.

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*Si comenzaste el tuyo, de la forma que sea (en papel, dibujando, en un blog, sacando fotos) ¡porfi dejame tu nombre  en los comentarios (y si tenés blog un link al primer día de tu desafío) así te puedo leer!

* Cin se sumó al desafío, abrió su blog y hoy ya ha subido su primer día. (¡Me enamoré de Luna, ya te lo dije Cin!) y Marks escribió un post hermoso. Digamos que es su Día 1, y me gusta, porque es super personal (jajaja me doy risa, parezco la tiránica de los desafíos). 

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