Día 8 – La isla

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Los gatos: tengo uno naranja y con cara estilizada (¡vieran los ojos!) justo al lado mío, durmiendo arriba del transformador de la compu. Sí, ya sé que no es una buena idea pero Chaz es Chaz, y qué le voy a hacer. Además ronronea, juguetea, toca las teclas, está conmigo. Tiene una pequeña herida detrás de una oreja que hoy tendremos que limpiar (ya nos volvimos expertos en este tipo de cosas, pero no con gatos, eso es verdad) y además algunas garrapatas. No sé de dónde salen ¿Del pasto? A Chaz le gusta dormir en el desayunador. Dudo que Rebecca lo haya dejado, pero somos blanditos en estas cuestiones. Total, es como si fuéramos tíos o abuelos, y nos toca malcriar a las mascotas. Me gusta su ronroneo, es mi musiquita del día.

Pero además de Chaz hay otros gatos en la isla, y debo decirlo, son gatos raros. Gatos que hacen frente a los perros, gatos gatitos, gatos que no tienen cola, y la eterna discusión entre Rami y yo es si esto es genético o es que les cortan la cola por alguna extraña costumbre. Yo opino que gato sin cola, no es gato.

La lluvia: el otro día Marks me dijo (¿me dijo? ¿o lo soñé?) que no podía parar de escribir sobre el mar. Que todos sus artículos eran sobre el mar (lo cual podríamos constatar acá, acá y acá), y esto era porque ama el mar, y además, lo extraña. Y yo puedo decir que mi leit motiv es la lluvia. Creo que desde que empezó este desafío todo lo que escribí estuvo rodeado y abrazado por la lluvia. Hoy de nuevo llovió, porque se hizo la luna hace poquitos días y cambió el clima. Tengo que decir que este viento fresquito con olores dulces me derrite. Que ver brillar pequeños colores en los árboles me descontractura. Que ponerme en el balcón a mirar cómo allá lejos un cielo descendió y acá todavía no… es impresionante cómo se escucha la lluvia cuando acá no llueve. Parece un río, un río que golpea los árboles y los cocoteros. Parece un río violento que quiere acercarse a las hojas y de tanto sonido generar un orgasmo en medio del bosque.

Las motos: (ahora Chaz dio vuelta la cabeza y está literalmente “echado”, con la cabeza mirando al techo, todo enroscado, pero cómodamente enroscado diría yo. Un ejemplo al placer de la siesta). Hay un dicho que dice que la gente abundante lo es porque nació con el pan bajo el brazo. Yo digo que eso es un dicho aplicable a argentinos y algunos otros más. En Turquía la gente nace con un chai entre los dedos, y acá, en Indonesia, los niños traen junto al cordón umbilical, una moto. ¿Se dan cuenta de la dimensión? He visto niños sin músculos, pequeños, ni siquiera adolescentes pasar con postura de grande manejando una moto, y de forma veloz. A mi me parece que son super inconscientes, no sé, tan chiquitos y ya manejando como si nada. Pero en definitiva es otra forma de vivir las rutas de un país ¿no? Yo tengo 27 y la primera vez que agarré una moto (¡tremendo placer!) casi mato a mi amiga en una travesía por el río Pintos (jajaja amiga ¿te acordás?), y la segunda vez que intenté la moto frenó en seco y se rompió. ¿Podré alguna vez compararme a estos niños prodigio de las carreteras?

día8El islam: esta parte del país es islámica. No tengo nada en contra de las religiones (aunque no las prefiero). En Turquía los cantos de las mezquitas literalmente me desarmaron: no lo esperaba, no sabía qué eran ni de dónde provenían y de repente me di cuenta de que era la primera vez que escuchaba ese sonido estremecedor. Y la verdad es que me pareció natural ver mujeres con velos y vestidos largos, simplemente porque hace muchísimo calor y el sol derrite. Pero acá, pero acá… No lo sé, creo que me enoja.

Porque: ¿dónde está el cuerpo sino disfrutando el placer de sumergirte en el agua y estar desnudo? ¿y el sol? ¿y la lluvia? ¿y todo sin ropa? (o con poca ropa). Me sorprende muchísimo en un día de calor intenso ver mujeres con jeans apretados y vestidos oscuros y su cuerpo tapado hasta los tobillos. Me pregunto si no tendrán sueños de nadar desnudas en el mar, o tocarse entre ellas, o mirarse (¿lo harán acaso?). No sé, la humedad y el calor de esta isla me hacen sentir que esta religión es una mentira. ¡Pero no lo es! Me gustaría vivir en otras islas y ver cómo otras culturas se relacionan con el agua, mejor, con su cuerpo y el agua.

El mar: y además me sorprende porque acá la gente actúa como si el mar no existiera. Por ejemplo, los domingos salen a caminar y lo hacen mirando quiosquitos y sentándose en lugares alejados a la costa, o caminan con carteras y zapatos de taco en medio de la selva, y toman un té en algún lugar lejos del agua. Es decir, vida de domingo de ciudad. Y los indonesios no saben nadar, así que necesitan chalecos salvavidas. Los indonesios viven en un país que básicamente es una isla, pero no saben nadar. Es extraño.

La distancia: Indonesia mide de este a oeste nada menos que la distancia que hay entre Alemania y Tailandia. ¿Se dan cuenta? ¡Es enorme! Jota y Dani, mis amigos de Marcando el Polo están recorriendo todo el país a dedo, y si bien han tenido hermosas experiencias, también reflexionan acerca de algunas cuestiones respecto del turismo y el país. Indonesia, qué exótica sonás, qué estigma, porque sí o sí tenés que cumplir con ese exotismo, en vista de otros. ¿Pero y tu gente? ¿Cómo te piensa y te vive a vos?

La basura: hay cosas que me parten el corazón, y estoy tan ligada a la naturaleza (como todos lo estamos en realidad) que hay situaciones que no soporto. En este tiempo en la isla tuvimos oportunidad de vivir situaciones normales, rutinas, círculos, cosas que se repiten. Y la basura y tirar basura aparecen una y otra vez. La gente local no cuida este paraíso. ¿Es necesario destruir un país (una tierra) entera para aprender? ¿Es que el hombre siempre comprende cuando puede ver los extremos? Qué pena me da, qué pena ver botellas (¡y cuántas!) desparramadas por la playa. Qué pena me da nadar y concentrarme en juntar bolsitas. Qué pena, porque esta gente vive del mar, y yo siento que no agradece esta cercanía con tremenda fuente de abundancia.

La comida: me gusta el aroma de una salsa de coco en la cual cocinan la carne (y a veces los vegetales). Me gusta el arroz, me gustan las frutas frescas y del jardín. También me gusta comer pescado, pero no muy seguido. Lo cierto es que la dieta no es muy sana, o no al menos si pienso las cosas que venden en los mercaditos: por un lado la oferta de verduras es super limitada y de malísima calidad (lo cual me llama la atención porque con este clima creo que muchos vegetales crecerían monstruosamente). Además hay muchas cosas empaquetadas, como salsas precocidas, sobresitos para agregar sabor, noodles “milagrosos”. Mmm, no sé. Y por último todo pero todo se fríe antes de comer, y por supuesto queda sabroso, pero sano, creo que no. Los niños comen galletitas en vez de engullir papaya y esas ricuras.

La burocracia: ciertas cosas no deberían existir en el mundo, como la burocracia. Pero bueno, a los nórdicos les podemos hacer una excepción, porque después de meses de oscuridad hacer una cola y aprovechar a mirar qué hace el de al lado, mmm, no estaría tan mal. Pero sumar burocracia + humedad + calor infernal, da un resultado poco apetitoso. Yo siento que este país debería entregarse a la perdición de los cocoteros, los peces y el mar. Listo. Nada de papeleo, de sacar cuentas ni de poner sellos.

La música: a ver, hace calor (¿Cuántas veces lo dije ya?), hay arenita, todas las noches decimos con Rami “ahh, qué linda noche” (con ese tonito que ponemos los argentinos cuando aparecen las primeras noches cálidas y todo el mundo salta a la calle extasiado), pero no hay música. ¡No hay música! ¿esta gente baila? ¿a dónde? Un amigo muy querido hace un tiempito llegó al Caribe luego de pedalear desde nuestra hermosa Córdoba, y en su primer correo me contó: “estoy en el caribe, hace calor, hay mucha música y muchas flores, soy feliz“. En esta parte del mundo parece que nos olvidamos de esos sonidos que nos hacen despertar el cuerpo a nuevos sentidos. Disculpen mi terquedad, pero para mí este clima es ideal para bailotear hasta altas horas de la madrugada.

Etapas: hoy Rami comenzó una etapa nueva, y ahora duerme profundamente.

Sueño: dormí una siesta profunda.

Recuerdos: hablamos por la radio y yo me sentí como cuando era chiquita y me hacía entrevistas a mí misma.

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Guada sacó una foto bella del sol del sur, Pau escribió sobre los sentidos (prometo escribir algo sobre ellos en algún momento) y María Pía usó una frase que me encantó: “anuncian que esta madrugada ha sido la más fría en lo que va del otoño”  

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