Sweet world 1: Fully acceptance de este instante

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Día 1


pájaros

Una hoja en blanco, pero sin metas. Que las palabras hablen a través mío. Que yo sea el vacío en donde las palabras encuentran espesura. “Ahora, escribe” dijo la voz, mientras yo estaba con los ojos cerrados y abrazaba un almohadón rosado, redondito y esponjoso. “Vamos, ahora escribe“. La misma voz que algunos instantes atrás había dicho (o no dicho, a veces es puro silencio, una sensación de ir hacia algún lugar adentro de mi misma): “apaga el ordenador, cierra los ojos“.

pájaros

Dormí la siesta sobre el lado derecho de mi cuerpo. Desperté pensando que estaría despeinada para cuando llegue Leslie, la dueña de la casa que estoy cuidando en Montpellier. Duermo otra siesta sobre el lado izquierdo, ahora estoy totalmente despeinada. Pienso en la temperatura de la casa: ¿no habré dejado todos estos días la calefacción a 20 grados? No, me hubiera dado cuenta: mi cuerpo siente calor, frío, humedad, instantes templados sin extremos también. Me pongo en pie, dormida, la temperatura está en 18 grados. Ya lo sabía. Vuelvo a la cama.

pájaros

No sé cuánto tiempo pasó desde que me recosté, un par de segundos, minutos, horas, no lo sé. ¿Habrá llegado Leslie? La hubiera escuchado. Ahora abro los ojos bajo la manta azul, siento mis manos frías. Tengo una sensación rara en el cuerpo, todos estos días la tuve: como si las piernas me tiritaran continuamente, y además algo como “yo estoy adentro del cuerpo“. No voy a explicar qué significa “yo estoy adentro de mi cuerpo” porque es una sensación nueva (y no la entiendo), nunca la había sentido antes, y explicarla significaría querer sacarle su frescura, todo lo que me está contando en este presente livianito.

pájaros

Estoy hecha una bolita y mi calor se siente acogedor, pequeña casa en donde cabe todo. Hoy mi mente está revolucionada: por este desafío de los 16 días, por el dinero, por Willy, porque un mes y medio atrás compré un pasaje a Tánger por 20 euros y hoy me salió una casita para cuidar en Marruecos (12 horas en tren desde Tánger) justo un día después del día en que ocurriría mi vuelo y ella -mi mente- no sabe qué hacer. ¿Acá? ¿Allá? ¿Izquierda, derecha, vamos a todos lados al mismo tiempo, se pueden colapsar todas las opciones en una? ¿Son importantes las opciones? Y también está revolucionada porque quiere escribir, quiere contarlo todo, quiere hacer más postales, quiere escribir, quiere decirle al mundo: escuchen lo que tengo para decir, quiere escribir, y además hoy durante todo el día quiso hacer las compras en el supermercado (frambuesas, postrecitos de chocolate) y cuando estaba en el supermercado quería llegar a casa, “es que estoy tan cansada”, decía, y cuando llegamos a casa decía “qué bien nos vendría dormir la siesta”, y cuando estábamos durmiendo la siesta ya estaba pensando en otras cosas. Siempre lejos, siempre muy lejos del presente.

pájaros

La misma voz que dijo “vamos, ahora escribe” es una voz diferente. Es una voz en el ahora, y hoy me regaló una frase en inglés: “fully acceptance“. Y luego: “fully acceptance of this moment“. Qué sé yo. Un inglés raro, un inglés del más allá, mensajes que llegan en otros idiomas cuando en mi casita de calor y manos comienzo a sentir dolor de espaldas (que no es dolor de espaldas, es otra cosa, es otra cosa) y entonces ella –mi mente- quiere moverse, cambiar de posición, encontrar (¡en el futuro!) una seguridad, un espacio cómodo, qué se yo.

pájaros

Fully acceptance, me decía la voz. ¿Aceptación total de qué? ¿Qué tengo que aceptar totalmente? Este instante, así, tal cual es. Este instante: aceptar este dolor de espaldas, la respiración, incluso, aceptar que hoy ella -mi mente, y esta es la última vez que lo repito- está así: loca, ansiosa, incoherente (quiere ir a Praga, pero Marruecos ¡Marruecos! ¡Además es todo tan sincrónico, Maga! ¡Cómo no vamos a ir a Marruecos! Pero mejor Praga, porque sentimos que teníamos que ir a Praga ¿te acordás?). Aceptar que hoy ella está así. Y no querer cambiar nada. Pero no una aceptación mental, no un pensamiento: “Yo lo acepto todo”. La mente es sutil, está en todos lados, al menos esta faceta de la mente. No un pensamiento de aceptación. Aceptación desde mi totalidad: lo que está aconteciendo, está aconteciendo con la energía de todo el universo. 

Revelación 1

pájaros que se largaron a volar

El foco. Si el foco -la atención- está puesto absolutamente en ella -una vez más: la mente-, el mundo comienza a sentirse pegajoso, como si todas las cosas que suceden a cada momento se me quedaran adheridas y yo me vuelvo una valija llena de objetos de colección y decoración de quien fui -pero ya no soy-: sticky. Fiuuuummmm un viaje de la percepción: ¿en dónde tengo puesta mi atención hoy? Pero antes: ¿quién decide hacia dónde viaja la atención en cada instante?

pájaros volando

Estoy observando que mi mente siempre tiene más de una opción para mi, y siempre tiene razones certeras para presentarme cada una de todas las opciones como realmente válidas. Qué cosa rara es ser humana a veces: soy consciente de que hay “algo” en mi -ella, aunque no podría decir que somos separadamente- que habita, que conversa conmigo, que se alimenta con los movimientos del sol, que dice incoherencias, que tiene miedo (¡qué van a decir de mi! ¡yo, pidiendo 2.000 euros para comprarme un coche e ir a recorrer Europa! ¿No ves que hay cosas más importantes sobre las que se tiene que ocupar la gente cada día? Vaga, eso es lo que sos, sos una vaga que pretende que ahora todo el mundo le haga regalos sorpresa para que ella pueda hacerse un viajecito. ¡Pero mirá qué inteligente que sos!). Algo habita dentro de mi, algo que habla todas las horas en que yo estoy despierta… Pero yo no puedo ser ella, porque yo la estoy escuchando…

pájaros volando

El foco. Hace algunos días, todavía Willy estaba acá conmigo, y su presencia estaba causando estragos en ella -mente-, porque Willy es duro con esa parte mía: reconoce al instante cuando estoy hablando yo (¿quién soy yo?) y cuando está hablando ella. Entonces fuimos a la puerta de una iglesia, a caminar, yo le decía que necesitaba sol, y nos sentamos en un escalón, y el foco comenzó a cambiar. Algo comenzó a abrirse: la mente y su diálogo interno eran ahora algo pequeñito, y “la presencia” ocupaba todo el cuerpo: la presencia, una sensación, una simpleza: “estoy acá, estoy viva”. No un pensamiento acerca de la presencia: una sensación de estar ocupando un espacio que sólo puedo sentir yo y ninguno de todos los demás seres humanos que ocupan este planeta.

Reconocí al instante qué era “ese cambio de foco”, porque muchas veces antes (¡durante muchos años de mi vida!) había vivido esa amplitud como ataques de pánico (no, no eran ataques de pánico, eran ATAQUES de pánico). Esta vez también tuve pánico pero reconocí que ese temor profundo a desaparecer, a la muerte, a dejar de existir, a volverme loca, era ella acostumbrada a concentrar la atención sobre sí misma. Ataques de pánico: una grieta en donde ingresa lo indecible.

pájaros volando

El foco. La atención está cambiando. Fluctúa. Va y viene entre ella y la presencia, hay una mudanza que se está celebrando desde una vida vieja a una vida nueva. De esta vida nueva, todavía no puedo decir nada, porque jamás hasta este momento había experimentado (lo sabía, lo sabía intelectualmente, pero eso es diferente) la realidad que lleva en sí, la verdadera aceptación de un instante.

fin del primer día.

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