Había una casa con un damasco florecido en blanco y rosa

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No tengo las mismas cosas que teníamos cuando aún nos conocíamos
No guardo la misma ropa
Ni mis labios tienen ahora la misma forma que antes.
Había un pantalón de flores violetas que me gustaba tanto
Había una casa con un damasco florecido en blanco y rosa
Adentro de la casa había una habitación en donde nunca hicimos el amor pero siempre nos amamos
Adentro de la habitación había un armario de madera oscura que pertenecía a mi abuelo
Y dentro del armario de madera negra había un cajón
en donde habíamos guardado tres cosas:
la presencia de la paz que escapa al tiempo
las cartas de mi abuela
y mi pantalón favorito de flores violetas.

Cuando menos lo esperabas, me fui de viaje.
Yo te rogaba que vinieras conmigo.

*

En este viaje no he buscado canciones que me recordaran todo lo que vivimos juntos.
¿Ha guardado alguien el sonido de mi corazón?
Se ha quemado.
Pero todo está muy vivo.

Quiero decirte que he encontrado algunas cosas.
Como por ejemplo: el silencio.
El café con espuma.
Sé por dónde buscar. Ya no estoy perdida. Ya no me lastimo. Ya no lastimo.
Ya no te extraño.
Nunca lo hice.
Siempre te quise.
Pero eso es diferente.

Y te quiero en algo muy particular:
en buscar las historias de paz,
y en saber dónde encontrarlas.

Empiezo, de a poco, a dejarme inundar por la mañana de la vida.

Me dejo querer.
Quiero que me quieran.
Quiero querer.
Quiero quererme.

Estudio las historias de paz y las elijo.

No quiero escribir poemas prolijos
No quiero ni el verso ni la prosa
Porque lo que no es, no es
Y lo que es, es tan grande que me inunda hasta llegar a vos.

Tengo ganas de decirle te amo a todas las personas que hace mucho tiempo no veo,
aunque ahora los he tocado a todos
los ha rozado el viento colorado que los dos escondíamos
en el cajón de madera
que estaba dentro la casa del árbol de damascos.

Esa era una cuarta cosa que guárdabamos
y era compartida, razón por la cual no podemos perderla.

Hemos visto cómo envejecen los cuerpos.
Has tenido un hijo rubio.
He escrito un libro azul.
Hemos escrito el paisaje del mar y del desierto.
Ves cómo de sus manos mi humo azul se esparce.
Veo cómo de sus páginas se desparrama una nueva mirada sobre el mundo.

Cuando amo quiero compartir.
Me siento llena.
El vientre lleno.
Los ojos llenos.
Las manos llenas.
Los poemas llenos.
Los pies llenos.
Los labios llenos.
El sexo lleno.
Las piernas llenas.
Los oídos llenos.
Soy una espuma rosa y blanca como las flores del damasco que ya nadie riega.

Al volver a Argentina por segunda vez
visité el jardín con el árbol y encontré que el jardín ya no existía:
todo allí se había secado.

Pero nosotros no hemos muerto
Y jamás lo haremos
Porque hemos compartido algo y le hemos puesto nombre:

“¿Te acuerdas de esa fruta roja?
con su jugo escribimos nuestras primeras palabras”.

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