Todo lo que tengo son 40 euros en mi cuenta bancaria y no soy ninguna valiente: sólo he vivido muerta de miedo

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Sabés, hace mucho mucho tiempo que quiero hacer un taller de escritura distinto. Osado. En persona. En donde nos toquemos muchos las manos entre todos antes de comenzar a escribir. Un taller de escritura que ay, me hace crepitar los piecitos y la panza de solo pensarlo. Tengo cuarenta o cincuenta borradores en mi computadora con ideas y ejercicios y nombres para este taller.

Paralelamente, ¿sabés cuánto dinero tengo en mi banco ahora?

40 euros.

Te estoy siendo completamente sincera.

En mi cuenta bancaria sólo tengo 40 euros.

***

Hace algunos días creía que esta “liberación del dinero” era un señal de ser “muy espiritual y aventurera”: “qué grandioso vivir sin dinero, saber que el dinero es una trampa”.

Hoy desperté temprano y me di cuenta de que esto era una total mentira. Al menos para mí, por supuesto, porque todo esto depende de las circunstancias de cada uno. Si tu aventura es experimentar esa parte de la vida, entonces es correcto que vivas sin dinero.

Pero en mi caso SIEMPRE tuve problemas de dinero, desde hace demasiado tiempo. Y esto parece no terminar nunca. Entonces tengo que pensar en el sentido contrario: ¿el dinero es una trampa, o la trampa es pensar que vivir sin dinero es una forma de no hacerme cargo de las cosas que siento que tengo que hacer?

Es el proceso inverso.

“Qué libre que soy que tengo 40 euros en mi cuenta bancaria y no tengo miedo”.

***

En mi vida, hay mañanas como las de hoy (y debo agradecerlas).

Despierto y noto la guerra.
Despierto y me siento débil. Siento que ya no soy capaz de resistir tanta violencia interior.

Estas mañanas son distintas porque solamente algo sale a la luz, algo se hace más claro. Y eso es como un suspiro para el corazón.

Hoy me di cuenta de que esta falta de miedo es una forma de encubrir un miedo mayor: no tengo miedo a quedarme sin dinero, pero tengo miedo de darlo todo.

Yo ya pasé la prueba de vivir sin nada. Y pude. Y fui feliz. Pero las pruebas están para ser superadas. Si algo en mi vida se vuelve demasiado repetitivo, comienza a llamarme la atención. Ya pasé esta prueba, ¿sí o no? ¿No será la siguiente etapa aprender a vivir con dinero? ¿aprender a disfrutar del dinero?

No sabés cómo me duele el corazón de no poder llevarle un misero regalito a mamá. ¡Por qué digo mísero! ¡Un gran regalo! ¡Un hermoso regalo!

Pero solo tengo 40 euros, y todavía no he llegado siquiera al aeropuerto en donde tomaré mi próximo vuelo…

En estas mañanas claras comprendo que la falta de miedo de tener tan poco dinero HOY es la señal de que en otro ámbito de mí misma estoy completamente enferma.

De que estoy anestesiada, acostumbrada a vivir así.

***

Cada día que me levanto pido paz.

Hoy evidentemente fue un día distinto, porque en lugar de pedir paz me pregunté a mí misma por qué siempre estoy pidiendo. Me vi representada en una persona que no encuentra otra forma de vivir que pidiéndolo todo para sí misma.

Pero incapaz de dar nada.

Incapaz de darle al mundo. A mi pareja. A la gente con la que trabajo. A mis vecinos. A la chica del supermercado. A alguien. Al mundo. Y principalmente: dármelo todo a mí misma.

Vivo en una miseria de amor.

Suena tan espiritualmente elevado pedirle al universo que me dé paz.

Pero es tan revolucionario decirle al universo que yo le voy a dar paz. Que yo le voy a dar todo. Y que no me voy a fijar en los resultados: si mi entrega total significa mi paz, precioso… Y sino, seguiré dándome, dándome, dándome, abriéndome, expresándome, volviéndome ancha.

***

Qué valiente tener dinero porque te animaste a hacer eso que te latía dentro: corazón de corazones, e incluso te enfrentaste a tu miedo al fracaso total.

Qué valiente darlo todo.

Qué valiente andar desnudos. Desnudos en todo.

Desnudos en tener una idea, desnudos en soñar con dar un taller, desnudos en comunicar esta idea.

Es triste guardarme mis ideas para mí misma porque hay ideas que adentro mío no florecen. Hay ideas que necesitan de otras personas para florecer.

***

No tener nada HOY es una señal de que he tenido miedo a darme.

¡Tanto miedo! que si una publicación mía en Facebook tiene pocos likes, me siento triste.

¡Tanto miedo! que me comparo con otras personas y veo que yo “siempre estoy peor”.

¡Tanto miedo y tan cobarde! Que soy muy inteligente para juzgar a otros y juzgarme a mí misma delante de otros, pero tan poco valiente para despejar mis manos y empezar a escribir.

Tanto miedo que no hago cosas por no tener currículum.

Tanto miedo que escucho siempre la misma voz en mi cabeza.

Mirá cómo es la cuestión, la trampa, la esquizofrenia:

Un día una idea aparece y se llena de colores (lo vivo así): “un taller de escritura y cuerpo y voz. Un taller que se llame…” Una voz me dice que estoy lejos, que es imposible, que buscar un lugar, que en diciembre no habrá nadie en Capital Federal, que a nadie va a interesarle… Esta misma voz, más tarde, ve que otros sí se lanzan. Se lanzan y hacen lo que tienen que hacer. Y les va bien, en el sentido en que LO HACEN. Lo entregan. Lo dejan en manos de dios y siguen adelante. Y yo sigo MUDA, sin poder mover un dedo por miedo a todo. La misma voz, una mañana después de hacer pis y lavarme los dientes y volver a la cama para no despertar a E, comienza un lamento que me destruye el estómago: “soy tan pobre. Soy tan pobre. Soy tan pobre”.

¿Te das cuenta? ¿Estás conmigo?

Yo le hice caso a esa voz. Me dijo que no haga nada. Que no escriba. Que mejor limpie baños y me dedique a meter ramitas en una máquina que las tritura y que eso es todo. Que mejor limpie baños y saque yuyos porque no soy buena para nada. Así que para qué hacer un esfuerzo. Para qué abrir la boca. ¿No?

Ni qué decir de abrir el corazón…

Esa misma voz, después de darme una dirección (“no hagas nada, no sos buena para nada”) se lamenta indefinidamente por no tener un mango y tener que contar con la ayuda de otras personas para salir adelante.

Que está bien, que me aman, que los amo, que es otra forma de compartir: ¿pero qué está mal conmigo si tengo energía, ideas, amigos, compañeros, palabras? ¿por qué yo no podría?

Limpiar baños de hoteles me encanta. Y me es tan fácil…

Pero me sorprende porque esta voz que se alegra de que un baño quedó perfecto NUNCA se alegra de que escriba un poema.

JAMÁS se alegra ante la escritura de un poema.

Un poema le parece tonto y vanidoso.

Y lo primero que hacemos ella y yo después de escribir un poema y compartirlo es escondernos, salir corriendo.

***

Hoy mientras estaba recostada sobre mi lado izquierdo, absolutamente triste porque “soy tan pobre”…

Pobre.

40 euros en el banco.

Y esto no es una aventura.

Hay un punto en que uno toca fondo. No sé bien cómo es. Pero uno toca fondo y se da cuenta de que alguna u otra forma se está dejando morir.

En este caso, en esta semimuerte creativa y de pulso, descubro que vivir con miedo tiene consecuencias reales.

Voy a Roma, me quiero comprar ropita y tomarme un capuccino y no puedo.

Eso es una consecuencia real.

Pero hay muchas más. Muchísimas más. Como la queja continua de que este ordenador funciona mal “y no me deja escribir” y la total falta de participación en todo esto (¿te suena laburar para comprarte un ordenador nuevo que SÍ funcione?). Como la necesidad de pagar un dentista. Como querer regalarle algo a mamá, simplemente porque la amo y porque lo merece y porque quiero hacerlo.

Lo curioso que descubrí esta mañana de octubre, después de 10 días de haber cumplido 31 años, es que la misma voz que me dice “todavía no estás lista, nunca estarás lista, no eres demasiado buena en nada, sos un fracaso”, es la misma voz que me dice que confíe en el universo y es la misma voz que un día, metida en la cama piensa “soy tan pobre…”

¿Y qué esperabas?

Claro que el universo lo tiene todo para nosotros, pero QUÉ BUENA EXCUSA PARA NO HACER NADA, ¿No? Si total… El universo lo solucionará todo.

Pero dar el primer paso y hacer emerger de la intimidad aquello que palpita y en lo que sí soy buena, es decir, escribiendo… (y digo “buena” en el sentido de que las palabras viven adentro mío, sólo eso)…

Quizás el universo es feliz cuando escribo un poema.

Yo soy feliz cuando escribo un poema.

Yo me enfermo cuando no me permito escribir.

***

Hace una semana alguien que amo me dijo algo violento.

¿QUÍEN TE CREES MAGA PARA DECIDIR DEJAR DE ESCRIBIR?

***

Sabes, he sido TAN RICA en decir “no soy buena para nada”.

He sido tan rica en pensar que nunca llegaré a ser como tal y como tal.

He sido tan rica en creer que no tengo nada para darle al mundo y que no tengo nada para darme a mí misma.

He sido tan rica en pedir y pedir y pedir.

Y así está el estado de mi cuenta bancaria, porque todo se equilibra.

En cero.

Y así me encuentro con mi escritura: totalmente herida, en una desolación increíble de no saber cómo salir de esto en lo que estoy metida.

***

La salida a la luz implica la valentía y la honestidad, y por eso siempre intento decírtelo todo.

La salida a la luz implica, hoy, escribir estas oraciones. Mañana no lo sé.

La salida a la luz implica ordenar mi mente.

La salida a la luz, o la entrada a la luz, significa encuentro: se entra a la luz compartiéndome.

Necesito aprender a abrazar una vez más. Necesito escribir un nuevo taller. Necesito que ese taller tome forma. Necesito ser parte de mi autorescate. Necesito experimentar HACER UN SÍ, en lugar de PENSAR UN NO.

Pensar un no me deja en medio de un camino sin hijos.

Hacer un sí me reúne a mi verdadera familia.

*

Gracias por estar ahí, leyéndome. Sos tan importante en mi vida. Tus ojos detrás de estas oraciones son parte de esta salvación, de este aprendizaje en el que volvemos una vez más a pedirnos perdón.

M.

PD: ¡Qué miedo! Voy a estar en Buenos Aires en diciembre. Voy a dar un nuevo taller de escritura. Y sino viene nadie, tendré una hermosa oportunidad de escribir sobre 10 hermosas páginas en blanco: “estoy aprendiendo a quererme”. Y si viene alguien, ya seremos parte de eso que llamamos “amor”.

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