Poema de saber limpiar la casa

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Ay, qué manera de denegarme amor
qué fácil convertir las ilusiones en realidad y negarle a la realidad todo su poder,
y qué forma estupenda de robarme a mí misma la vida,
ay, cuánta vergüenza de pegar este poema en Facebook y cuánta pelea: “no deberías hacerlo”
Ay, qué poco he sabido sobre esto que llamamos amor
y qué lejos estoy de todo, cuando quiero imponer mis propias reglas
y qué confusa la mente cuando elijo el miedo
y cómo debería pedirle perdón a mamá por no curarle la fiebre las tres veces que ella ha estado enferma y yo me he ido,
cuánto he vivido en el error de desear lo imposible y de rechazar lo presente,
qué manera de llevar conmigo
todas las armas del mundo,
tan dispuesta siempre al ataque ,
tan poco predispuesta a escuchar, a perdonar, a pedir perdón,
cuánto de este tiempo ha sido pura desolación y vanidad: “yo tengo razón, reconócelo, sé todo y más que tú”,
y cuánta pretensión y cuánta espera: “¿cuándo llegará la disolución?”,
y cuán poco pensamiento verdadero ha viajado a través de mis pulmones (he hablado con mi boca seca todo este tiempo),
cuántas veces me he alimentado sólo de esto: blablas, chácharas, chismes, quejas, bruma de la mente que no quiere amar.

Mientras E recoge la basura que ha juntado en un rincón después de barrer el piso de la casa,
y de la misma manera que el viento gris recoge sus hojas,
y yo encuentro frutas coloradas en el camino debajo del árbol que este clima otoñal ha dejado caer,

me largo a llorar.

Lloro porque hablamos de amor durante el almuerzo
lloro porque no peleamos
lloro porque reímos mucho
lloro porque nos llamamos “chimita, pequeño tsunami, pequeña nariz, pequeño perrito”,
y lloro porque hemos aprendido a decirnos gracias
“gracias por lavar los platos”
“gracias por limpiar el piso”.

Lloro pero no lloro por volvernos animales
ni lloro por los nombres que elegimos cada día,

lloro en realidad por la alegría de ver a alguien juntar el polvo del suelo con un pequeño cepillo,
mientras lavo los platos uno por uno,
y la cocina ahora nos espera calma y limpia.

La realidad del amor:

“Cuerpo de mujer a tierra, escribe,
dolor en la parte baja de la espalda,
música de fondo,
cuerpo de hombre inclinado recoge la basura,
piso limpio como un sustento”.

Nosotros, tan amantes de vivir del sueño
nosotros, que siempre alimentamos tan bien a los fantasmas, las apariciones, los sigilos,

en lugar de situar nuestra boca en ESTE plato,
y decidir de una vez y para siempre comer del alimento infinito,

nosotros, sin embargo hoy,
nosotros, hoy, sin embargo el suelo limpio,
hemos vuelto, en este mediodía
a ser quienes siempre debimos haber sido.

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